La noche en la ciudad era cálida. Todavía brotaba del asfalto el calor que el sol había impregnado en las veredas, y a ello se le sumaba también el calor que seguían generando las chicas vestidas en sus soleros, minifaldas y blusas cortas... Algunas extremadamente cortas. Dios mio... gracias por crear el verano... Y a las mujeres.
Más allá de lo plácida que se presentaba la noche, yo estaba cagado. La mala fortuna me envolvía, y creo que hasta la transpiraba, porque podría jurarles por la vida de mi madre que las chicas al pasar me miraban con cierto aire de desprecio, o repelencia... En algunas otras ocasiones pudo llegar a ser el olor a alcohol, pero no esta vez, esta vez no era más que el hedor de la desgracia. El dinero en aquellos tiempos no me alcanzaba ni para emborracharme lo suficiente, y así atenuar un poco el rencor de tener los bolsillos pelados, y el dolor que aquella ingrata había surcado en mi corazón...
Ingrata... Esa palabra surge ahora de mi lengua por el despecho, el resentimiento que me generaba a mi mismo por haberla perdido... Que boludo... Si habrá maneras estúpidas de perder tan preciado amor... y tan preciado cuerpo... Ay! esas piernas... Esa mujer había sido creada con el mismo molde del que emergió alguna vez Afrodita.
Pero no quiero hablar más de ella... La historia que quiero contar es más interesante y candente que una cursilería romántica, basada en el desdén amoroso de un idiota cualquiera.
Aquella noche venía ya cansado de mirar el piso, estaba tan por el suelo mi frente, que parecía que viniese olfateándolo, y cuando las dudas existencialistas sobre el sentido y el valor de mi vida empezaron a invadir mi mente y a manipular mis ideas, levanté mi cabeza hacia el cielo, pare reposar mis pensamientos en las estrellas.
Que las ciudades están infestadas de locos y pervertidos, no es noticia nueva, y la sociedad está acostumbrada a pensar que somos solo los hombres los que "tienen la cabeza podrida". Quiero agradecer ferozmente a la casualidad que me mostró una vez más que no es así. Venía yo caminando sumido, como ya había dicho, en filosofeos inconcluyentes, con la mirada perdida en el cielo, cuando la perversión de una muchacha se mostró en todo su esplendor, presentándola desnuda frente al ventanal. No... No se estaba cambiando, se estaba masturbando con su mano derecha y con la izquierda se apretaba los pezones. Tenía la cabeza levantada casi tirada hacia atrás, con aire de goce inconmensurable. Bajó sus ojos hacia la vereda, para observar y satisfacer así su deseo de exhibicionismo. Tenía la cara cubierta por lo que parecía una máscara de esas que muestran en las películas, de bailes enmascarados fancys de la realeza de los años 30'. El shockeante espectáculo fue aletargando mi paso hasta hacerme permanecer quieto... y tieso... Ustedes pensarán que frené porque me cachondeé... Pero... Están en lo correcto. ¿Quién en su sano juicio no frenaría para disfrutar unos minutos de una obra de teatro callejera... Bueno bueno, ella estaba en su departamento, y claramente quería que la miraran! Si cuando frene y me pare desde la vereda de enfrente a mirar aquel ventanal del 3er piso, ella no se cubrió ni se asustó. Sonrió la muy zorra, y empezó a hacer gestos como de querer morderme... Bendita suerte la mía que me venía quejando de mi mala fortuna, y el mundo me tira un hueso... Pero un hueso a la distancia... Y yo... Yo quería masticar ese hueso... ¿Pero qué podría hacer? ¿Tocar el timbre? Había al menos 15 departamentos por piso en ese complejo, a demás de que era un complejo cerrado y con seguridad... Podría ir y decir al segurata... Che, loco... ¿Sabés en qué piso vive la guarra esa que se toquetea frente a la ventana? No!! Ese show era para mí... No lo iba a compartir con nadie, y no me iba a mover de aquel lugar hasta que ella se fuese... Así que opté por saludarla simplemente... Levanté mi mano, y a mi gratitud ella respondió lamiéndose la mano con la que jugaba en su pubis y chupándose los dedos de la forma mas sensual que alguien podría ver jamás. Devolvió su mano a su sexo y me volvió a sonreír, con la mano izquierda me hizo una seña pidiéndome que me quede ahí... Yo estaba mas caliente que los 9 círculos del infierno del sol sumados en un solo punto. Cuando le asentí con un movimiento de cabeza, ella volvió a echar su cabeza hacia atrás y empezó a aumentar el ritmo de sus dedos en su clítoris. Meneaba sus caderas, y su cuerpo empezaba a presentar espasmos que parecían involuntarios... Maldita sea, ella estaba por acabar y yo no podía ni tocarme un poco porque estaba en medio de la calle, y si bien no pasaba nadie, cualquier vecino desde su ventana podía verme y llamar a la policía... Igualmente no me hubiese dado tiempo, antes de darme cuenta había empapado todo su ventanal con una de esas eyaculaciones femeninas que uno ve en las películas pornográficas, y cree que solamente son cosas de fantasía, hasta que bueno, un día le pegas una buena lamida a una mina que te acaba así en la boca, y vos sentís que te ataron una canilla a la cara y que te vas a morir ahogado. Después de seguir temblando unos segundos y de haberse lamido la mano húmeda embebida de sus fluidos, me dedicó con esa misma mano, un delicado saludo moviendo tan solo los dedos.
Tenía que encontrarla... Tenía que saber quien era... No iba a poder seguir viviendo sin hecharle un polvazo a esa mujer... Como haría? Si tenía la cara cubierta... De hecho quizá hasta era bien fea... Pero no importaba, yo le iba a pedir que se deje esa máscara el día que la encontrase... Después de todo yo vivía a 5 cuadras... y tenía un dato... Un tatuaje a lo pulsera en su mano derecha, y una cruz de colgante... Una cruz? Hija de puta... si creía en dios hubiese sido el colmo de los colmos... Quizá era una loca satánica... No importaba... Pero sádica seguro... y eso me hervía más las venas.
Un día cualquiera caí en ese complejo de edificios a la fiesta del amigo de un amigo, habían pasado unos meses de aquella inolvidable experiencia, y aunque yo pasaba siempre que podía por esa calle, no la había vuelto a cruzar, y tampoco la tenía en mente cuando entré al edificio...
Me metí al ascensor, presioné el botón del 5to piso y seguidamente el de cerrar la puerta, cuando esa voz, radiante de sensualidad, me grita -Un segundo! - Puse mi mano para frenar la puerta, y se presentó a mi lado el rostro más hermoso y beato que ví jamás.
-Gracias - Al mirarme a la cara (Yo llevaba anteojos de sol), sonríe confundida. Aprieta el botón del 3er piso y noto el tatuaje en su muñeca. Me quedo duro... ella me seguía mirando risueña. Yo me bajo los anteojos y pongo mi cabeza de costado, como los perros cuando no entienden lo que está pasando... Me había reconocido... y le gustó. Entre el segundo y el tercer piso ella bajo la palanca para detener el ascensor y se me abalanzó encima.
El resto de la historia lo dejo exclusivo a mi memoria.